
Se suponía
que aquella noche
íbamos a follar.
Lo tenía todo
preparado:
Las bebidas,
la habitación,
el ambiente…
¡Hasta me había
duchado, joder!
Llegó a casa a las
nueve y media.
Bebimos y
hablamos de cosas
que entonces no
me importaban mucho
y, ahora, me importan
todavía menos.
Nos fuimos a la habitación.
Se quitó la ropa y me dijo:
«¿Tienes una camiseta?»
Le presté la más pequeña.
Nos metimos en la cama:
Ella agitando el trasero,
yo frotándome las manos.
Cuando empecé a tocarla,
cogió mi mano y la apartó
súbitamente:
«¡QUIETO!»
—bramó la muy
hija de puta.
¿Qué ocurre?
—pregunté yo,
desconcertado.
«No puedo
hacer eso»
—me dijo.
¿Sifílis?
¿Gonorrea?
—sugerí.
«Novio»
—dijo ella.
Entonces,
¿Se puede
saber qué coño
has venido a
hacer aquí?
«Compañía»
—respondió
impasible.
Pues hay
que joderse.
1 estupideces:
jaja..naaaaaa..puras blasfemias...las mujeres no somos asi..:P
Publicar un comentario en la entrada