
«Yo te diré
lo que te ocurre,
Farruco Jones»,
me espetó
muy encendida
Mademoiselle
La Féministe:
«Eres un
cerdo fanfarrón,
un proxeneta
y un borracho.
Y un misógino
de mierda que
no tiene ni idea
de literatura».
Esta bien,
apunté yo,
ahora dime
algo que
no sepa.
«Te aprovechas
de las mujeres,
Farruco Jones,
debería darte
vergüenza».
«Y, además,
estoy segura de que
no follas ni la décima
parte de lo que dices».
En eso
tienes razón,
yo también
creo que debería
avergonzarme.
«Con tu edad,
apuesto a que ya ni
la polla se te levanta,
oh, maldito fanfarrón
de los cojones»
Esto me tocó
la fibra sensible
y me hizo levantar del
sillón como un resorte.
Me abrí la bata
y me saqué la polla
del calzoncillo
como si fuese
un cuchillo
de carne:
¡Feminista de mierda,
—le dije— ahora te vas a
enterar de lo que es bueno!
Se la metí
por todos los agujeros,
repetidas veces,
hasta que me corrí
encima de su boca
de víbora francesa.
Al día siguiente
estaba viviendo
conmigo.
Nunca más
volvió a leer a
Susan Sontag.
1 estupideces:
¿No era el Ramsés el que te decía todas esas cosas?
Publicar un comentario en la entrada