16 septiembre, 1980

El ataque de las ladillas asesinas



A veces sucede:
La metes en el agujero menos indicado,
por necesidad, distracción o por descuido.
Se entiende que por accidente.
Entonces ocurre.

Notas, primero, el incesante,
horriblemente molesto, cosquilleo.
Después, esas pequeñas mordeduras hijoputiles
que escuecen tanto que consiguen que desees
arrancarte los cojones a bocados.

Yo, que lo he probado,
confieso que no es divertido vivir
con una plaga bíblica
paseándose por las pelotas.

Tampoco es buena idea combatirlas
con matamoscas, por razones evidentes.
Lo mejor, si aceptáis un consejo,
es cundiamor y agua caliente.

1 estupideces:

Augusta II dijo...
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